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Es fundamental poner un límite, a diferentes edades,
ya que son importantes en el desarrollo del niño.
¿Qué son los límites? Son reglas que regulan el comportamiento.
Suponen contener, guiar, proteger, prevenir y no sólo sancionar.
¡Qué difícil es para los padres darse cuenta en qué momento
poner
un límite a sus hijos! Algunos ejemplos:
De 3 a 6 años: Comprender lo que significan sus caprichos y
rabietas. Esto significa que no siempre hay que gritarle o pegarle,
sino comprender lo que significa esta conducta que manifiesta.
De 6 a 9 años: Enseñarle a organizar sus tiempos de estudio,
diferentes a los de juegos. La función del límite es que no
deje el estudio por el juego ni tampoco dejar de jugar por el
estudio.
De 9 a 12 años: Poner límites a la rebeldía y a las salidas
demasiado frecuentes.
Es importante entender al niño, dialogar con
él, permitirle explorar y crecer en libertad. Ayudar al niño
a poner en palabras lo que siente, darle un espacio para que
se exprese. Acompañarlo en su crecimiento.
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